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Aforismos sobre Yoga de Patañjali

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Actualizado: agosto, 2018

 

तत्र प्रत्ययैकतानता ध्यानम्॥२॥

tatra pratyayaikatānatā dhyānam ||2||

La meditación es el sostenimiento prolongado de las ideas [que se presentan durante el estado de concentración]

(Traducción propia)

(Otras traducciones)

Vyaas Houston

La unidireccionalidad de un pratyaya ahí (en el punto focal escogido) es dhyāna-meditación

Georg Feuerstein

La unidireccionalidad (eka-tānatā) de las ideas [presentes en la conciencia] con respecto a ese [objeto de concentración] es meditación (dhyāna)

Christopher Chapple y Yogi Ananda Viraj

La extensión ahí de la intención es meditación

P. V. Karambelkar

(1) Ahí (en ese punto), (2) ahí (en el proceso de dhāraṇā), dhyāna es (tener) una sujeción continua a la experiencia de un (único sujeto)

James Haughton Woods

La concentración de la idea que se presenta en ese [lugar] es contemplación

30. Phulgenda Sinha

La incesante implicación de la mente hacia el objeto (de concentración) es Dhyāna (Meditación)

Emilio García Buendía

(Estando) allí, la meditación (es) la continuidad única (en esa) idea

Oscar Pujol

La meditación es la continuidad perceptiva en ese mismo punto

 

Vocabulario

tatra pratyaya-eka-tānatā dhyānam

tatra (ahí), dhyānam (la meditación) pratyaya-eka-tānatā (es el sostenimiento prolongado de las ideas)

 

tatra: ahí, en aquello, en eso, allí, en ese caso, en esa ocasión, de acuerdo a algo.

pratyaya-: noción, intención, idea presente; 1) representación, conocimiento; 2) pensamiento que surge, aparece o se muestra, es decir, aquello que viene al encuentro de la conciencia, paso final en la formación gestáltica; 3) denota cualquier contenido de la conciencia, incluyendo las modificaciones mentales (vṛtti) y el conocimiento trascendente (prajñā).

eka-: uno, solo, solitario, único.

tānatā: (f, nom, sg) extensión, alargamiento.

ekatānatā: (f, nom, sg) continuidad, sostenimiento prolongado, flujo unidireccional constante.

dhyāna (dhyānam): (n, nom, sg) meditación, contemplación; 1) flujo unidireccional de la mente en torno a un objeto; 2) séptimo miembro del yoga de ocho pasos (aṣṭāṅga).

 

Vyāsa — Yoga-Bhāṣya (s. V.)

 

tasmin deśe dhyeyālambanasya pratyayasyaika-tānatā sadṛśaḥ pravāhaḥ pratyayāntareṇāparāmṛṣṭo dhyānam ||2||

La meditación (dhyāna) es un flujo de ideas que surgen de forma continua y coherente, sin ser perturbadas por otras, en relación al soporte del objeto de concentración en ese punto (mencionado en el comentario del aforismo anterior).

—Una vez que la mente ha sido fijada en un punto cualquiera, el yoguín debe esforzarse porque en su mente se mantenga un solo contenido, una sola experiencia cognoscitiva, porque una sola cosa llegue a la conciencia: la representación, la idea, la vivencia o sentimiento, la sensación, la imagen que él ha elegido como punto de apoyo, rechazando cualquier representación o vivencia diversa y diferente. El yoguín debe estar experimentando una sola cosa: la percepción de un solo y único sentimiento (Tola y Dragonetti “La Filosofía Yoga”).

—Una vez que la mente ha sido fijada en un punto cualquiera mediante la dhāraṇā, el yoguín debe esforzarse porque en su mente se mantenga un solo contenido, rechazando cualquier idea o vivencia diversa o diferente que se inmiscuya. Y, además, enfocando, por decir así, ese solo y único contenido en el punto elegido en la dhāraṇā. El dhyāna es un acto de atención dirigido a un objeto cualquiera (Tola y Dragonetti, “Yogasūtras de Patañjali”).

La concentración se transforma en meditación prolongando la atención sobre el objeto, durante la cual la captación del objeto es directa —instantánea, nueva e inolvidable. Tal interacción entre objeto y sujeto deja una profunda impresión que reemplaza la comprensión basada en la memoria y el pasado. El movimiento desde la dispersión mental hasta la concentración es progresivo. El paso de la concentración a la meditación, sin embargo, es repentino e instantáneo, creando una ruptura en la decreciente curva de actividad mental. La meditación es una interacción entre lo interno y lo externo, expresada mediante un destello de conocimiento sobre el objeto elegido (Bouanchaud, Bernard “The Essence of Yoga”).

En la expresión técnica pratyayaekatānatā, se halla implícito el hecho de que dhyāna es, por decirlo así, una continuación lineal de ekāgratā tal como se alcanza con la técnica de dhāraṇā. Incluso aunque la absorción meditativa es una evolución de dhāraṇā, se trata realmente de un estado mental con características distintivas propias. Mientras que en dhāraṇā la mente permanece como si estuviera sujeta en un espacio restringido, dhyāna constituye la continuación en tal estado de restricción de tal forma que la experiencia correspondiente permanece uniforme y homogénea a pesar de las posibles variaciones de la situación externa e interna (Feuerstein, Georg “The Philosophy of Classical Yoga”).

Pratyaya (ideación) es el término general dentro del cual los vṛttis son solo una subcategoría. La razón de esta sugerencia es que según II.11, los vṛttis deben conquistarse mediante la meditación (dhyāna). Ahora bien, si esto es así, ¿qué son las prajñās (intuiciones de sabiduría) que surgen en los diferentes estados de saṃprajñātasamādhi? Claramente son actividades mentales, aunque de una naturaleza mucho más refinada que los vṛttis. Por tanto, las actividades mentales son dos tipos de pratyaya: (i) fluctuaciones groseras, que Patañjali denomina vṛttis, y (ii) fluctuaciones sutiles, que por deducción, denominamos prajñās. Los vṛttis se controlan con la meditación (II.11), mientras que los prajñās (como en saṃprajñātasamādhi) se controlan con el asaṃprajñātasamādhi. Las semillas kármicas (bījas) en las profundidades de la mente se eliminan finalmente con la perfección de asaṃprajñātasamādhi, dando lugar al dharmameghasamādhi (Feuerstein, Georg –Konchog— Traditional Yoga Studies).

—La prolongada y profunda concentración lleva al estado de absorción meditativa, o dhyāna, en el cual el objeto se mantiene en la mente y llena todo el espacio de la conciencia. Todas las ideas que aparecen (pratyaya) giran alrededor del objeto de concentración y se acompañan de una emotiva disposición que puede ser descrita como “serenidad”, “paz” o “calma”. No hay pérdida de lucidez, sino que más bien el sentido de alerta parece intensificarse (Feuerstein, George “Textbook of Yoga”).

—Según J.W. Hauer, dhyāna es un dhāraṇā profundizado y creativo, durante el cual el objeto interno se ilumina mentalmente. La estricta concentración de la conciencia en un objeto se suplementa ahora con una contemplación observadora de su auténtica naturaleza. El objeto esta, por decirlo así, colocado ante la conciencia contemplativa en todos sus aspectos y se percibe como un todo. Se examinan sus distintas características hasta que se comprende su auténtica naturaleza y se vuelve trasparente... Esto se acompaña de una cierta disposición emotiva. Aunque la facultad de razonamiento se agudiza y clarifica, sería erróneo pensar que dhyāna es simplemente un proceso lógico-racional: el que contempla debe penetrar el objeto con todo su corazón, dado que él mismo es el máximo interesado en la experiencia espiritual que le conducirá a la participación óntica y a la emancipación de todos los impedimentos y ataduras restrictivas (Feuerstein, Georg “The Philosophy of Classical Yoga”).

La diferencia entre dhāraṇā y dhyāna es que dhāraṇā se ocupa más de la eliminación de las ondas de pensamiento fluctuantes a fin de alcanzar la concentración unidireccional; en dhyāna, el énfasis radica en el mantenimiento de una observación contemplativa regular y profunda (Iyengar, BKS “Luz sobre los Yoga Sūtras de Patañjali”, p. 260).

—La sintonicidad con el acto único de experimentación del vacío puro del espacio se llama dhyāna. Cuando todas las otras experiencias se funden en una sola experiencia del vacío total del espacio, el tiempo llega a detenerse. El movimiento temporal es significado por una sucesión de experiencias que llegan una tras otra. Cuando esta sucesión se disuelve en una experiencia única del espacio vacío, dentro y fuera el tiempo debe llegar necesariamente a detenerse. Esto es dhyāna (Desphande, P.Y. “El auténtico Yoga”).

Dhyāna es una corriente de pensamiento unificado; y según Vyāsa, es un continuum del esfuerzo mental para asimilar el objeto de la meditación, libre de cualquier otro esfuerzo de asimilación de otros objetos; según Vijñāna Bhikṣu, cuando en el punto donde se ha practicado el dhāraṇā, el espíritu consigue mantenerse bastante tiempo ante sí mismo, bajo la forma del objeto de meditación, sin ninguna interrupción provocada por la intrusión de otra función, entonces se llega al dhyāna. [Meditación yogui con respecto al fuego: (la meditación comienza por la concentración, el dhāraṇā, sobre algunas brasas ardientes que se encuentran delante del yogui); no solamente aquella revela al yogui el fenómeno de la combustión y su sentido profundo, sino que además le permite: (i) identificar el proceso fisicoquímico que se opera en la brasa al proceso de combustión que tiene lugar en el interior del cuerpo humano; (ii) identificar este fuego al fuego solar, etc.; (iii) unificar el contenido de todos esos fuegos, con el fin de obtener una visión de la existencia considerada como “fuego”; (iv) penetrar en el interior de ese proceso cósmico, ya hasta el nivel astral (sol), ya hasta el nivel fisiológico (el cuerpo humano), ya hasta el nivel infinitesimal (la partícula de fuego); (v) reducir todos esos niveles a una modalidad común a todos, o sea la prakṛti considerada como “fuego”; (vi) “dominar” el fuego interior, merced al prāṇāyāma, al suspender la respiración (respiración = fuego vital); (vii) finalmente, extender, gracias a una nueva “penetración”, este “dominio” a la brasa que está en ese momento delante de él (porque si el proceso de combustión es idéntico a través de todo el universo, todo “dominio” parcial de ese proceso conduce infaliblemente a su “dominio” total)] (Eliade, Mircea “Yoga, inmortalidad y libertad”).

—En dhyāna cuando estamos interesados en una cosa especial y empezamos a investigarla, hay una unión entre yo mismo y esta cosa; esto es, hay una comunicación perpetua y continua entre mi mente y el objeto. Si hay esta comunicación, es dhyāna. Dhāraṇā es el contacto. Dhyāna es la comunicación (Desikachar, TKV “Yoga”).

—Centrada la mente en un objeto con el dhāraṇā, se pasa de un modo natural a una exploración, que es una etapa en el progreso de la memoria hacia la intuición. La posición ante el objeto ya no es pasiva, recurriendo a una captación dinámica del mismo. El objeto puede ser explorado en cuanto a su forma, tamaño, color, respuesta a los diversos sentidos, si se trata de un objeto exterior neutro, o bien se desplegará en sus contenidos lógicos o emocionales si el objeto es una verdad, una idea filosófica o una virtud moral. En ambos casos la mente sigue la senda de la identificación. La meditación no es discursiva en el sentido de tránsito de un tema a otro ya que el raciocinio supondría desencadenar los mismos procesos que se intenta paralizar. Si el objeto es un principio filosófico o religioso, podrá haber un discurso o análisis previo a fin de acumular datos. Pero tales recursos deben quedarse como prolegómenos que más tarde sirvan de ambientación, como música de fondo que paulatinamente va apagándose (Moreno Lara, Xavier “El Yoga clásico”).

Dhyāna es el caudal unificado del pensamiento, continuum mental que excluye toda tensión para asimilar el objeto de la meditación sin esforzarse por asimilar otros distintos. En ningún momento el continuum intenta precisarse y enriquecerse con asociaciones, analogías, símbolos, etc. Sin embargo, este estado puede interrumpirse por medio de estímulos externos de intensidad suficiente. La “centración” no es un esfuerzo tenso “muy voluntarista”, sino que se trata de un proyecto de fondo, de una paciencia que consiste en atraer incesantemente al campo de la conciencia aquello sobre lo que uno desea centrarse. Es una focalización deliberada que hay que renovar y examinar constantemente a causa de la tendencia espontánea a la dispersión. Hay que escapar por un tiempo, no solo de la acción “vigente” en el exterior, sino de la reflexión dialéctica y de la ensoñación de los momentos vacíos (Auriol, Bernard “El Yoga y la psicoterapia”).

—Generalmente se considera que en dhāraṇā el flujo de jñāna es como las gotas de lluvia, mientras que en dhyāna es continuo como un chorro de miel o de aceite (Shankar Bhattacharya, Ram “Yoga Institute Magazin”).

—Oberhammer identifica cuatro tipos de meditación en el Patanjalayogaśāstra. El primero es un movimiento a partir de la reducción de los contenidos de la conciencia hacia la ilimitada autoconciencia de la auténtica naturaleza del sujeto (puruṣa). La segunda es similar, pero teísta: el “sí-mismo-individual” se llega a identificar con un dios personal (īśvara, iṣṭadevatā) por medio de la meditación y el mantra. En el tercer tipo de meditación, conocido como samāpatti, el objeto de meditación que se rememora desplaza completamente al objeto visible, sutilizándolo hasta el punto que se alcanza el estado de materia primordial (prakṛti), según la emanación jerárquica de la filosofía sāṃkhya. De esta forma se disminuye la identificación del “sí-mismo” con la existencia material, acercándose así a la liberación en la muerte. El cuarto tipo de meditación apunta al cultivo de poderes mágicos en vez de a la liberación (Mallinson, James “Roots of Yoga”, pag. 289).

—A menudo sucede que las ideas que surgen en la mente en la primera parte de dhāraṇā, correspondientes al savitarka samāpatti, se asocian con asuntos no deseados o negativos… Cuando se superan este tipo de pensamientos negativos (vitarka) mediante el proceso de meditación, el sādhaka entra en una parte más avanzada de dhāraṇā, que es el nirvitarka samāpatti, en la que el aspecto negativo o vaitarkika de los pensamientos se elimina casi totalmente. Este nirvitarka samāpatti es la región divisoria, o “tierra de nadie”, entre los sub-estados o partes de dhāraṇā: savitarka y savicāra samāpatti. Una vez que citta (es decir, sus saṃskāras o el almacén de smṛti = karmāśaya) se vacía totalmente de saṃskāras negativos, es decir, se purifica de vitarkas o trasciende la esfera de los vitarkas, se inicia la esfera de los vicāras, es decir, de los pensamientos positivos. Este es el savicāra samāpatti que es una parte o sub-parte de dhāraṇā. A medida que citta profundiza en su viaje interior, los vicāras también se debilitan y finalmente se extinguen. Este es el nirvicāra samāpatti que forma la última parte o sub-etapa de dhāraṇā… La actividad mental finaliza aquí. A partir de ahora citta solo tiene conciencia o sensación de alegría o felicidad y más delante de pura existencia, indicada en el sūtra I.17 por los términos ānanda y asmitā, respectivamente. De acuerdo con el sūtra I.46, los cuatro samāpattis culminan en el samādhi, mientras que en los sūtras III.1-3, entre dhāraṇā y samādhi se encuentra el estado de dhyāna. Por ello se infiere que el estado de dhyāna, tal como se define en III.2, se logra en algún momento en la última parte del proceso de nirvicāra samāpatti. La definición de dhyāna es pratyaya ekatānatā, es decir, el conocimiento continuado y sostenido de una experiencia muy precisa y uniforme acerca del objeto de meditación. Esta conciencia sobre el objeto debe ser tan exactamente uniforme e igual a lo largo del proceso de dhyāna que no debe apreciarse la más pequeña variación en la conciencia o conocimiento del objeto. Evidentemente, esto supondrá una conciencia pura sobre la existencia bienaventurada del objeto, lo cual quiere decir que, durante dhyāna, no puede haber actividad mental alguna en relación con el objeto, puesto que cualquier pensamiento podría implicar alguna ligera variación de este estado. Si sucede tal alteración se interrumpirá pratyaya ekatānatā, es decir, se interrumpirá dhyāna y se volverá al estado de dhāraṇā. En conclusión, dhyāna se logra cuando nirvicāra samāpatti está próximo a su perfección. Este estado sin pensamientos, de conciencia libre de ideas sobre el objeto de meditación, persiste durante un cierto tiempo. Finalmente se transforma en sabīja samādhi, tal como se indica en los sūtras III.3 y III.8. En este proceso se deduce que dhāraṇā culmina y se transforma en dhyāna, lo cual se indica mediante la palabra tatra en el sūtra III.2… Este dhyāna, según Patañjali, es un estado muy preciso sobre la experiencia (pratyaya) y comprensión o conocimiento (jñāna) del objeto escogido... Esta actividad contemplativa incluye los vikalpas śabda (palabra), artha (significado) y jñāna (conocimiento), de acuerdo con el sūtra I.42, y se trata de un proceso que, según lo describe Patañjali,  pertenece a la categoría de las samāpattis savitarka y savicāra (Karambelkar, Dr. P.V. “Pātañjala Yoga Sūtra”, pag. 348-353).

 

Bhoja — Rāja-Mārtanda (1018-1060)

||3.2|| tatra tasminpradēśē yatra cittaṅ dhṛtaṅ tatra pratyayasya jñānasya yaikatānatā visadṛśapariṇāmaparihāradvārēṇa yadēva dhāraṇāyāmālambanīkṛtaṅ tadālambanatayaiva nirantaramutpattiḥ dhyānamucyatē.

Hacia allí, en ese sitio en donde ha quedado fijada la mente. De una idea, es decir del conocimiento. Esa sola proyección, o enfilamiento (ekatānatā), lograda a través de la eliminación de los procesos de transformación no análogos, lo cual tiene su soporte justamente en la concentración y se produce ininterrumpidamente en base a este soporte, es llamada meditación.

caramaṅ yōgāṅgaṅ samādhimāha --

Describe ahora el énstasis, el último de los miembros del yoga.

 

Śaṅkara Bhagavatpāda — Yoga-Bhāṣya-Vivaraṇa (s. XIV)

Mientras que en dhāraṇā hay perturbación con otras ideas sobre el objeto, incluso aún con la mente establecida solo en dicho objeto —si se trata del sol, también son objetos de concentración su órbita y su brillo extremo, pues la mente funciona en tal localización como un proceso mental puro—, no sucede así con dhyāna, pues solo existe un flujo sobre la misma idea, no perturbada por ideas de otra clase.

 

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