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Capítulo cuarto: sobre el Aislamiento Trascendental o Kaivalya Pāda

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Actualizado: marzo, 2017

 

Medios para lograr la experiencia (IV.1-IV.3)

Los poderes extraordinarios se adquieren de nacimiento, con plantas alucinógenas, recitando fórmulas místicas, con ascesis o con la interiorización completa (IV.1)

La transformación en otra categoría de existencia es consecuencia de la actividad exuberante de la naturaleza esencial (IV.2)

La causa instrumental inteligente no activa las naturalezas esenciales, es decir, no inicia el proceso evolutivo, sino que se limita a romper las barreras; actúa, por tanto, como el campesino que riega el campo rompiendo las barreras que impiden el flujo del agua (IV.3)

 

Emergencia y dominio de la mente (IV.4-IV.6)

Las diferentes mentes creadas por el yogui surgen de la pura conciencia de existencia (IV.4)

Aunque desarrollen distinta actividad, una única mente es la causa primera de todas las demás (IV.5)

Entre las mentes que se pueden crear artificialmente, las que provienen de la meditación se liberan de los vestigios de las impresiones acumuladas en el pasado (IV.6)

 

Acciones y karma (IV.7-IV.8)

Las consecuencias de las acciones del yogui no son ni blancas ni negras, mientras que las de los otros son de tres tipos (IV.7)

En estos tres tipos de consecuencias de las acciones, la manifestación de los impulsos potenciales se corresponde expresamente con la maduración de sus acciones concretas (IV.8)

 

Impresiones subliminales (IV.9-IV.12)

Incluso aunque los impulsos potenciales puedan estar separados de las acciones que los ocasionan por razones de categoría de existencia, lugar y tiempo, existe una relación causal entre ambos porque el subconsciente y las impresiones subliminales poseen la misma apariencia (IV.9)

Y los impulsos potenciales no tienen comienzo, a causa de la eternidad del deseo primario que generan (IV.10)

Los impulsos potenciales existen gracias a la relación entre su causa (la ignorancia esencial), su resultado (el motivo de las acciones), el soporte mental que los contiene y los objetos que los estimulan; cuando uno de éstos desaparece, también desaparecen los impulsos potenciales (IV.11)

La concepción de pasado y futuro existe como tal, es decir, en su propia naturaleza, debido a las distintas trayectorias de pasado, presente y futuro de las características de las cosas (IV.12)

 

Objetos y los tres guṇas (IV.13-IV.14)

Estas características pueden ser evidentes o sutiles y su naturaleza son los constituyentes primarios (IV.13)

La apariencia de realidad del objeto se debe a la armonía en la transformación de sus constituyentes primarios (IV.14)

 

La mente percibe objetos (IV.15-IV.17)

Debido a la variedad de estados mentales en oposición a la singularidad del objeto, hay distintos niveles de existencia para el objeto y su conocimiento (IV.15)

Además, un objeto no depende de un solo estado mental; tal afirmación sería indemostrable; porque si fuese así, ¿qué sucedería entonces cuando el objeto no fuera conocido por ese estado mental? (IV.16)

Un objeto es relativamente conocido o desconocido según como dicho objeto influya en la modificación de la mente (IV.17)

 

Iluminación de la mente (IV.18-IV.21)

Las fluctuaciones de la mente son siempre conocidas, a causa de la inmutabilidad del “si-mismo-esencial”, que es su dueño (IV.18)

La mente no se percibe a sí misma, pues también ella es algo perceptible (IV.19)

Y puesto que la mente es algo perceptible, no se puede ser consciente de ella y del objeto al mismo tiempo (IV.20)

Si un contenido mental fuese objeto de conocimiento para otro, esto conduciría a una regresión al infinito entre ideas sucesivas y también a la confusión de los recuerdos (IV.21)

 

Buddhi y liberación (IV.22-IV.26)

La inmutable conciencia trascendental experimenta sus propias ideas a raíz de la aparición de la forma en la mente (IV.22)

Siempre que la mente resulte coloreada por “lo-que-observa” y “lo-que-es-observado”, podrá percibir cualquier objeto (IV.23)

La mente, aunque diversificada a través de incontables impulsos potenciales, actúa para “lo-que-observa”, pues su existencia se debe a la actividad colaborativa (IV.24)

Para quien comprende la diferencia entre “lo-que-observa” y el puro intelecto, cesa la consideración sobre su propio ser (IV.25)

Entonces, la mente, a través del “conocimiento-de-la-diferencia” entre “lo-que-observa” y ella misma, se encamina hacia el aislamiento trascendental de la pura observación (IV.26)

 

Interrupciones en la liberación (IV.27-IV.28)

En los intervalos de esta mente que involuciona, surgen otras nuevas ideas a causa de las impresiones latentes (IV.27)

La cesación de las impresiones latentes se lleva a cabo de igual forma que la ya descrita en II.10 para las causas de aflicción (IV.28)

 

Liberación perpetua (IV.29-IV.30)

Cuando la mente posee conocimiento discriminatorio y actúa siempre con total desinterés, incluso con respecto a la comprensión más profunda, alcanza la interiorización completa denominada “abundancia de virtud” (IV.29)

A éste nivel de perfección, se desvanece toda acción basada en las causas de aflicción (IV.30)

 

Los objetos de conocimiento son pocos (IV.31)

Entonces, a causa de la inmensidad del conocimiento alcanzado, que ha eliminado todo obstáculo e impureza, poco queda por conocer que merezca la pena (IV.31)

 

Los guṇas después de la liberación (IV.32-IV.34)

En consecuencia, finaliza el proceso de transformación de los elementos fundamentales de la naturaleza, al haberse cumplido su razón de ser (IV.32)

El proceso que sigue a cada instante, es perceptible en el punto final de una transformación concreta (IV.33)

Finalmente, la involución de los constituyentes fundamentales de la naturaleza, desprovistos de todo sentido para el “sí-mismo-esencial”, es el aislamiento trascendental de la pura observación, el establecimiento en sí misma de la pura conciencia, de “lo-que-observa”, del “sí-mismo-esencial” (IV.34)

 

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