Mantra Yoga

El yoga del sonido sagrado

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Introducción y orígenes

 

El Mantra Yoga ha sido una parte de la tradición yóguica desde los tiempos védicos. Este tipo de yoga se refiere, fundamentalmente, al poder del sonido o la vibración, soporte final de la materia.

 

El Mantra-Yoga (la via del sonido transformador) es un aspecto integral del Tantra pero también puede considerarse como una via aparte. A menudo se considera como la menos compleja de todas las formas de yoga, pues no requiere prácticas complicadas. La esencia del Mantra Yoga es la recitación regular y prolongada (japa) de uno o mas sonidos de poder (mantra), que despiertan los chakra y el poder serpentino.

 

El Yoga Tattva Upanishad (21ss.) lo define como la recitación de mantras hechos de “matrices” (mâtrikâ), es decir, de los sonidos básicos del alfabeto sánscrito. Se considera que esta disciplina es adecuada para el practicante de nivel intermedio que aún no ha profundizado mucho en las profundidades de la vida espiritual. Con su práctica durante doce años, poco a poco conducirá hacia la sabiduría (jñâna) y a la consecución de los clásicos poderes paranormales (siddhi).

 

La práctica de la recitación mántrica es uno de los componentes mas antiguos del yoga. El yoga de la recitación de sonidos místicos tiene sus raices en las palabras de la magia arcaica, lo cual resulta evidente en el Rig Veda, cuyos mantras poseen cualidades mágicas. Las especulaciones del Tantra sobre el sonido y la transcendencia son sumamente antiguas y fueron prefiguradas por la noción védica de vâc, discurso divino. En el Rig-Veda (10.125.3-5), el vâc se personifica como la Diosa que profiere palabras sagradas. La recitación de mantras es un ingrediente importate en el culto de sacrificio, convirtiéndose en una auténtica ciencia en manos de los brahmanes, pues los poderes invisibles deben ser venerados e invocados con precisión a menos que se vuelvan contra los oficiantes.

 

Aunque los mantras mantuvieron su caracter original como herramientas mágicas para lograr los deseos personales, en la tradición del yoga adquirieron una nueva función: ayudar a la maduración espiritual del yogui. en otas palabras, los mantras se convirtieron en instrumentos para la autorrealización.

 

 

Tantrismo y Mantra Yoga

 

El Mantra Yoga como rama independiente del yoga es, sin embargo, un desarrollo relativamente tardío en su larga historia. Su aparición se conecta estrechamente con la emergencia del Tantrismo. Se hallan referencias en numerosas escrituras de este movimiento cultural. También hay numeroas obras que tratan específicamente del Mantra Yoga, especialmente el Mantra Mahodadhi, el Mantra Yoga Samhitâ, el Mantra Mahârnava, el Mantra Mukta Âvalî, el Mantra Kaumudî y el Tattva Ânanda Taranginî.

 

Según el Mantra Yoga Samhitâ, en el Mantra Yoga hay dieciséis etapas o miembros (anga):

 

Bhakti, o devoción, que posee tres aspectos: devoción ritual (vaidhibhakti) o adoración ceremonial; devoción que comprende el apego (râgâtmikabhakti); suprema devoción (parabhakti).

Suddhi, o purificación, que consiste en la limpieza ritual de cuerpo y mente utilizando un entorno (desha) consagrado especialmente para la práctica, mirando en la dirección correcta durante la recitación.

Âsana o postura.

Pañcângasevana, o “práctica de los cinco pasos”, que consiste en la práctica diaria de la lectura del Bhagavad Gîtâ y el Sahasra Nâma y en la recitación de canciones de alabanza, protección y apertura del corazón.

Âcara, o ”conducto”, que es de tres tipos: divino (divya), de la “mano izquierda” (vâma) inmerso en la actividad mundana, y de la “mano derecha” (dakshina) inmerso en la renunciación.

Dhâranâ o concentración.

Divyadevasevana, o “práctica en el espacio divino”, que consta de dieciséis prácticas que convierten un lugar concreto en un espacio (desha) consagrado adecuado para la recitación mántrica.

Prânakriyâ, o respiración ritual, que es el sacrificio de la propia respiración en la divina y se acompaña de distintos ritos que incluyen la colocación (nyâsa) de la fuerza vital (prâna) en diferentes partes del cuerpo.

Mudra, o sello, que consta de una variedad de gestos de las manos que sirven para concentrar la mente.

Tarpana, o satisfación, que es la práctica de ofrecer libaciones de agua a los poderes invisibles para buscar su disposición favorable.

Havana, o invocación,  que es la invocación de la divinidad personal (ishtadevatâ) mediante mantras.

Bali, u ofrenda, que consiste en la donación de regalos de fruta o flores a la deidad personal.

Yâga, o sacrificio, que puede ser externo o interno, siendo este último superior al primero.

Japa, o recitación.

Dhyâna, omeditación.

Samâdhi, o énstasis, denominado también la “gran condición” (mahâbhâva) en la cual la mente se disuelve en lo Divino.

 

Resulta claro que el Mantra Yoga es marcadamente ritual, reflejando no solo sus orígenes en el culto sacrificial de la antigua India, sino también su proveniencia tántrica.

 

 

Materia y Energía

 

Por otro lado, la ciencia moderna y el antiguo Tantra están realmente de acuerdo: El universo es un océano de energía. En lo que difieren es en cómo debe entenderse este hecho. El acercamiento Tántrico afirma que este hallazgo tiene implicaciones muy personales. Si la materia puede reducirse a energía, entonces el cuerpo-humano como producto del cosmos-material es igualmente energía a un nivel más primario aún. Tal como los Tantras insisten, la energía y la conciencia están finalmente unidas como los dos polos de la misma Realidad, Shiva—Shakti. Por consiguiente el cuerpo humano es, en un análisis final, no solo la materia inconsciente sino una manifestación de la Energía superconsciente.

 

Esta visión tiene ramificaciones prácticas de gran alcance para cada persona. Pues, si el cuerpo no es solo la envoltura del alma inmaterial sino una realidad vibrante bañada con la misma Conciencia que también anima a la mente, entonces debemos dejar de considerar el cuerpo como un objeto exterior completamente distinto de nuestro ego consciente. La separación habitual entre el cuerpo y la mente no sólo está injustificada sino que perjudica al tipo de totalidad que los buscadores espirituales aspiran. Para exponerlo en términos tradicionales, el cuerpo es el templo de lo Divino. Es la base para comprender la unidad esencial de todo; es el trampolín a través del cual podemos lograr la iluminación.

 

 

El sonido primordial

 

Como afirma el Shâradâ Tilaka Tantra (1.108),

 

Kundalini es el sonido absoluto (shabda—brahman). El sonido absoluto es el silencioso absoluto (a—shabda—brahman) personificado a nivel de sonido cósmico (shabda).

 

El Mantra-Yoga-Samhitâ (3) añade esta explicación:

 

Dondequiera que haya actividad, ésta se conecta inevitablemente con vibración. De forma semejante, dondequiera que haya vibración en el mundo, ésta se asocia invariablemente con el sonido (audible o inaudible).

 

Debido a la diferenciación que tiene lugar en el momento inicial, la creación también es vibratoria. El sonido producido entonces es el pranava que tiene la forma del auspicioso om-kâra.

 

El Shâradâ Tilaka Tantra (1.108) continúa describiendo el proceso cosmogónico en términos de producción de sonido como sigue:

 

De la suprema Shakti —pura conciencia combinada con el factor de lucidez (sattva)— surge el sonido más sutil (dhvani) que se distingue por la superioridad de los factores de lucidez y dinamismo (rajas). A partir de dhvani se desarrolla el sonido sutil (nada), caracterizado por una mezcla de los factores de lucidez, dinamismo e inercia (tamas). Este sonido sutil, a su vez, da lugar a la energía de restricción (nirodhikâ) que tiene un exceso del factor de inercia. Este principio óntico emana de la "media luna" (ardhendu), que a este nivel inferior muestra de nuevo un predominio del factor de lucidez. De él surge el punto original vibratorio (bindu), la fuente primera de todas las letras y palabras. Éstas forman mantras que son así manifestaciones o vehículos de Shakti.

 

Esta escritura (1.8) explica mas adelante que el bindu se compone de tres partes: nada, bindu, y bîja. La primera parte tiene un predominio de Conciencia (Shiva), en la segunda predomina la Energía (Shakti), y en la tercera hay una presencia igual de Conciencia y Energía. Estas consideraciones esotéricas sobre la evolución del sonido permanecen relativamente incomprensibles fuera de la práctica Tántrica.

 

Al contrario de los sonidos que podemos oír con nuestros oidos, el sonido cósmico es incausado. Es una vibración infinita (spanda) que es coextensiva con el mismo universo y sólo comprensible en meditación profunda cuando se han dejado fuera de funcionamiento los sentidos y la mente. El sonido primordial se representa simbólicamente por la sílaba sagrada om. Aunque no mencionada directamente en el Rig Veda, el sonido om —también llamado pranava y udgîtha— se indica en varios himnos. Se menciona por primera vez en el Shukla Yajur Veda (1.1).

 

Mas tarde, en la era de los Upanishads, llegó a ser explicado como consistiendo de tres sonidos constitutivos: a, u y m. Según el Mândûkya Upanishad (9-12), éstos representan los tres estados de vigilia, sueño con ensueños y sueño profundo. Más allá de éstos esta el " cuarto" (turiya) que es la condición de vigilia absoluta a lo largo de todos los estados de conciencia. Es el propio Ser-Consciencia en sí. Las escrituras subsecuentes han desarrollado este simbolismo, agregando los elementos de nada (sonido sutil) y bindu (semilla-punto, cero-dimensional).

 

 

Niveles y evolución del sonido

 

Los distintos modelos que describen la evolución de sonido o vibración tienen en común la idea de que hay tres niveles, por lo menos, en los que existe el sonido. Las escrituras de tántricas distinguen entre:

 

— Pashyantîvâc ("discurso sutil") —la forma más sutil de sonido perceptible sólo a la intuición;

— Madhyamâvâc ("discurso intermedio") — sonido a un nivel sutil de existencia, que es la voz del pensamiento;

— Vaikharîvâc ("discurso manifiesto") —el sonido audible transmitido a través de la vibración del aire.

 

Más allá de estos tres niveles se halla el transcendental denominado parâvâc o "discurso supremo", que es Shakti en unión perfecta con Shiva. Es el sonido silencioso.

 

Los tres niveles de sonido corresponden a las tres formas o niveles del poder de la serpiente:

 

— Ûrdhvakundalini ("serpiente superior") que es la kundalini especialmente activa en el ajñachakra y tendiendo a ascender hacia el loto de mil pétalos en la cima de la cabeza;

Madhyakundalini ("serpiente media") que es el poder de la Diosa activo en la región del corazón y capaz de ascender o descender;

Adhahkundalini ("serpiente más baja") que es la energía psico-espiritual asociada principalmente con los tres chakras más bajos.

 

En su aspecto divino, el poder de la serpiente es conocido como parâkundalini, o shakti. Desde la perspectiva de la filosofía tántrica, cada forma o aspecto del universo es una manifestación de ese Poder último y un símbolo de él mismo. En términos de física cuántica contemporánea, el "lenguaje energético" del Tantra tiene hoy en dia más sentido que quizás el que tuvo en el momento de su creación hace mas de dos mil años.

 

En su pasaje ascendente a través de la senda axial del cuerpo, el poder de la Diosa disuelve los chakras paso a paso. Esto también puede entenderse en términos sónicos. Según descripciones casi idénticas encontradas en varios Tantras, cuando el kundalini deja el chakra de la base, captura la energías fundamentales inscritas en los cuatro pétalos de muladharachakra. Procede entonces hacia el segundo chakra donde capta las seis energías inscritas en sus pétalos, y así sucesivamente. Finalmente, las energías de las letras del ajñachakra se disuelven en el punto transcendental junto con el propio chakra. Cuando las cincuenta letras del alfabeto, o vibraciones básicas, se disuelven así, tiene lugar la iluminación.

 

El Shâradâ-Tilaka-Tantra (5.121-132) describe una forma de iniciación (dîkshâ) en la que el maestro entra en el cuerpo del discípulo y realiza este proceso por él. Esto también se conoce como vedha-dîkshâ o "la iniciación a través de la penetración".

 

 

Naturaleza de los mantras

 

Las cincuenta letras (varna) del alfabeto sánscrito que en cierto modo representan el cuerpo de kundalini, se llaman "matrices" (mâtrikâ) —término que también puede significar "pequeñas madres”. Ellas son los “úteros” de todos los sonidos que constituyen el idioma y se incluyen en el sonido sutil (nada). Estas letras no sólo producen palabras sagradas sino también los sagrados sonidos denominados mantras. Un mantra pueden consistir en una sola letra, una sílaba, una palabra o incluso una frase entera. Así la vocal a, la sílaba âh, la palabra aham ("yo"), o la frase shivo'ham ("yo soy Shiva," consistiendo de shivah y aham) puede servir como mantra. Además, se ha mantenido tradicionalmente que los cuatro vedas (Rig-Veda, Yajur-Veda, Sâma-Veda y Atharva-Veda) consisten sólo de mantras, pues todos los himnos han sido revelados por videntes (rishi).

 

La palabra mantra está compuesto de la raíz verbal man ("pensar") y el sufijo tra (indicando instrumentalidad). Así un mantra es literalmente un instrumento del pensamiento. En el comentario de Vimarshinî sobre el Shiva-Sûtra (1.1.), Kshemarâja explica que

 

un mantra es aquello por lo cuál se considera que la propia naturaleza se refleja interior o secretamente como la naturaleza del Señor supremo.

 

Esta interpretación se centra en la conexión entre mantra y manana ("pensando, considerando, reflejando"). Según otra etimología tradicional, el mantra recibe su nombre de proporcionar protección (trâna) para la mente (manas).

 

 

Significado

 

Lejos de ser sílabas sin sentido, los mantras son fuerzas creativas que actúan directamente sobre la conciencia. Pero para que un sonido tenga potencia mántrica se debe de haber transmitido por un iniciado. En otras palabras, el famoso sonido om, por si mismo, no es más mantra que la palabra "perro". Adquiere poder mántrico sólo cuando ha sido potenciado por un adepto y se ha transmitido correctamente a un discípulo. Éste es un punto sumamente importante que generalmente resulta desconocido a los buscadores Occidentales.

 

La práctica exitosa del mantra no sólo depende de la apropiada iniciación sino también de comprender la esencia que hay detrás del sonido.

 

Un mantra debe despertarse (prabuddha) para liberar su poder inherente. Esto también se conoce como "conciencia mántrica" (mantra—caitanya), que va más allá del sonido audible hasta el nivel de poder psico-espiritual mismo.

 

Un mantra falto de "conciencia" es exactamente igual que cualquier otro sonido. Como el Kula-Arnava-Tantra (15.61-64) afirma:

 

Se dice que los mantras sin conciencia son nada mas que letras. No producen ningún resultado incluso después de un billón de recitaciones.

El estado que se manifiesta rápidamente cuando el mantra se recita (con "conciencia") no se obtiene con cien, mil, cien mil, o diez millones de recitaciones (sin "conciencia").

De repente, Kuleshvarî atraviesa los nudos en el corazón y la garganta, todos los miembros se vigorizan, se derraman lágrimas de alegría, se entra en éxtasis corporal y el discurso es estremecedor...

... cuando se profiere un mantra dotado de conciencia, aunque solo sea una vez. Donde se observan tales señales, él (el mantra) se pronuncia de acuerdo a la tradición.

 

Un mantra debe repetirse miles de veces para “fortalecerle” —una técnica denominada purashcarana ("práctica preliminar"). Como el Shrî-Tattva-Cintâmani (20.3-4) afirma:

 

Así como el cuerpo es incapaz de actuar sin la psique, asi también se dice de un mantra sin la práctica preliminar.

Por consiguiente el mas aventajado de los practicantes debe emprender primero la práctica preliminar. Sólo a través de tal aplicación puede controlar la deidad (de un mantra).

 

La última estrofa contiene una explicación sobre la diferencia entre un mantra y un sonido ordinario. Mientras todos los sonidos son en último término manifestaciones del Poder divino, los mantras son como expresiones concentradas de shakti. Esto les proporciona su particular potencia y utilidad en el camino espiritual. La idea de poner una deidad bajo control puede parecer extraña o incluso ofensiva a los oidos occidentales, pero según el Tantra estas deidades (devatâ), en un último análisis, son nada mas que elevadas formas de energía psico-espiritual. Puesto que son fuerzas inteligentes y parecen tener un centro personal, los practicantes tántricos se refieren a ellas con el apropiado respeto y devoción. Entienden, sin embargo, que éstas deidades-energias son su propia y auténtica naturaleza, el si-mismo-esencial. Poner una deidad bajo control significa ser capaz de utilizar su energía específica para el proceso espiritual o incluso para fines mundanos.

 

El Mantra-Yoga-Samhitâ contiene información detallada sobre como seleccionar un mantra para un discípulo, días favorables y desfavorables para impartir un mantra y las numerosas ventajas de la práctica mántrica. Los mantras puede emplearse tanto para la liberación como para otros propósitos secundarios, como combatir la enfermedad o las influencias malignas, o para ganar riqueza y poder. La mayoría de los practicantes mas avanzados rechazan utilizar mantras para algo distinto de la gran meta humana (purusha—artha) que es la liberación. En los rituales tántricos, se usan mantras para purificar el altar, el asiento propio, los instrumentos como vasos y cucharas para ofrendas, las propias ofrendas (es decir, flores, agua y comida), para invocar a las deidades y protectores, y así sucesivamente. Incluso, la ciencia del sonido sagrado (mantra—shastra) se ha utilizado ampliamente desde tiempos antiguos también para uso del seglar. En este caso, los mantras asumen el carácter de hechizos mágicos en lugar de sagradas vibraciones al servicio de la auto-transformación y auto-transcendencia.

 

El Kula-Arnava-Tantra (15.65-70) menciona sesenta defectos que pueden hacer inútil la práctica del mantra. Para remediar estas limitaciones, el Shâradâ-Tilaka-Tantra (2.111) recomienda la práctica del yonimudra. Esta técnica que es bien conocida en las escrituras del Hatha Yoga, se realiza contrayendo los músculos del perineo para hacer que la energía vital ascienda. Además, el practicante tántrico debe visualizar las cincuenta letras del alfabeto ascendiendo desde el centro psico-espiritual en la base de la columna hasta el chakra situado en la cima de la cabeza. Este texto (2.112ss.) da una alternativa a esta práctica que también puede encontrarse en el Kula-Arnava-Tantra (15.71-72).

 

 

Tipos de mantras

 

Los mantras que poseen una concentración de energía son conocidos como "sílabas de semilla" (bîja). Om es la sílaba de semilla original, la fuente de todos los demás. El Mantra-Yoga-Samhitâ (71) lo llama el "mejor de todos los mantras", agregando que todos los demás reciben su poder de él. Así el om se añade como prefijo o sufijo a numerosos mantras:

 

— Om namah shivâya. "Om. Homenaje a Shiva".

Om namo bhagavate. "Om. Homenaje al Señor (Krishna o Vishnu)".

Om namo ganeshâya. "Om. Homenaje a Ganesha (el cabeza de elefante)".

Om namo nârâyanâya. "Om. Homenaje a Narayana (Vishnu)".

Om bhûr bhuvah svah tat savitur varenyam bhargo devasya dhîmahi dhiyo yo nah pracodayât. "Om. Tierra. Región-media. Cielo. Permítasenos contemplar el máximo esplendor de Savitri, para que Él pueda inspirar nuestras visiones." (Éste es el famoso gâyatrî—mantra védico.)

Om shânte prashânte sarva-krodha-upashamani svâhâ. "Om. ¡En paz! ¡Pacíficamente! ¡Toda cólera debe ser dominada!".

Om sac-cid-ekam brahma. "Om. El particular Ser-Consciencia, el Absoluto".

 

El Mahânirvâna-Tantra (3.13) considera el último brahmamantra mencionado como el más excelente de todos los mantras, que rápidamente proporciona no sólo liberación sino también virtud, riqueza y placer. Es conveniente para todos los practicantes y, como afirma esta escritura (3.24): "simplemente recibiendo el mantra, la persona se llena del Absoluto".

 

Durante muchos siglos, los maestros tántricos y védicos han concebido, o más bien visionado, las numerosas energías básicas además del om. Estas sílabas-semilla (bîja), como se llaman, pueden usarse por si mismas o, más normalmente, junto con otros sonidos de poder que forman una frase mántrica. Según el Mantra-Yoga-Samhitâ (71), hay ocho bîja—mantra primarios que son útiles en todo tipo de circunstancias pero que sólo revelan su misterio más profundo al yogui:

 

aimgurubîja (la sílaba-semilla del maestro), también llamada vahni—jâyâ (la esposa de Agni);

hrîmshaktibîja (la sílaba-semilla de Shakti), también llamada mâyâ—bîja;

klîmkâmabîja (la sílaba-semilla del deseo);

krîmyogabîja (la sílaba-semilla del yoga), también llamado kâli—bîja;

shrîmramâbîja (la sílaba-semilla del deleite); Ramâ es otro nombre para Lakshmî, la Diosa de la Fortuna; por ello, esta sílaba-semilla también es conocida como lakshmîbîja;

trîmtejabîja (la sílaba-semilla del fuego);

strîmshântibîja (la sílaba-semilla de la paz);

hlîmrakshâbîja (la sílaba-semilla de protección).

 

Otras escuelas o textos proporcionan nombres diferentes para estos ocho bîjas primarios. Algunas otras sílabas-semilla muy conocidas son lam, vam, ram, yam, ham (todas asociadas con los cinco elementos y los cinco chakras más bajos), hum, hûm y phat.

 

 

Recitación

 

Cuando un practicante ha recibido un mantra de boca de un iniciado y sigue todas las instrucciones que se proporcionan para su correcta pronunciación, se puede estar seguro del éxito. Concentración, regularidad y un gran número de repeticiones (japa) del mantra son los tres requisitos mas importantes. Hay también, ciertos lugares sagrados donde la práctica del mantra se considera muy adecuada. Según el Kula-Arnava-Tantra (15.25), japa cerca del propio maestro, de un brahmin, de una vaca, de un árbol, del agua o del fuego sagrado es particularmente adecuado (véase el artículo: Japa Yoga).

 

Veintiuna, 108, ó 1008 repeticiones son consideradas adecuadas. Pero para que el mantra despliegue toda su potencia (vîrya), pueden ser necesarias cientos de miles de repeticiones. Una vez haya ocurrido esto, sin embargo, incluso una sola pronunciación del mantra permitirá disponer de todo su poder. En la práctica, después de un rato, el mantra se recita espontáneamente, y su poder intrínseco puede sentirse como una carga de energía en el propio cuerpo. Ésto es a—japa—japa, o "recitación no recitada" —también conocida como el hamsa—mantra— que es más que el "eco" mental que ocurre cuando repetimos una palabra una y otra vez. No es solo una fisura mental causada por la repetición verbal sino un estado de transformación mental energético.

 

Es importante registrar el número de repeticiones. Esto se hace generalmente por medio de un rosario (mâlâ). Los rosarios pueden consistir en 15, 24, 27, 30, 50 ó (normalmente la mayoría) 108 cuentas (más "la cuenta maestra", representando al propio guru o la Montaña Meru, un símbolo del canal central). El número 108 se considera sagrado y afortunado en la India desde tiempos muy antiguos. Se han ofrecido varias interpretaciones para este número altamente simbólico, pero probablemente la explicación mas correcta sea la astronómica (ya en la era védica, los sabios eran conscientes del hecho de que la distancia promedio de la luna y también del sol a la tierra era 108 veces sus diámetros respectivos).

 

El rosario se llama normalmente akshamâlâ que corresponde al varna—mâlâ o "la guirnalda de letras" del idioma sánscrito. La palabra sánscrita aksha significa "ojo", pero en el presente contexto se refiere a las letras a y ksha, las equivalentes sánscritas del alfa y omega griegos. Así el rosario (de cincuenta cuentas) representa el alfabeto entero. Las cuentas pueden hacerse de sándalo, cristal, conchas, coral, o en la mayoría de los casos de rudrâksha (el ojo de Rudra) que es la multifacética semilla del sagrado árbol azul de Shiva. El Mantra-Yoga-Samhitâ (76) menciona todos los materiales que pueden usarse para hacer un rosario. Como cualquier objeto ritual, el rosario debe purificarse también antes del uso. El Mahânirvâna-Tantra (6.171b-172a) proporciona el mantra adecuado siguiente para este propósito:

 

¡Oh, rosario! ¡ Oh, rosario! ¡Oh, gran calculador! Eres la esencia de todo poder.

En Ti se encuentran las cuatro metas [prosperidad material, placer, moralidad y liberación]. Por consiguiente, concédeme todo el éxito.

 

Otra manera tradicional de contar el número de repeticiones es con los dedos de la mano. Son conocidos distintos métodos y algunos son específicos a ciertos mantras. Según el Mantra-Yoga-Samhitâ (75), no se considera favorable contar con la punta de los dedos, debiendo utilizar solo las falanges.

 

Un mantra debe recitarse con la entonación correcta, tal como se aprende del maestro, y también al ritmo apropiado. Como advierte el Kula-Arnava-Tantra (15.55), si se repite demasiado rápido, hay peligro de enfermedad; si se recita demasiado despacio, sin embargo, disminuirá la energía. En cualquiera de estos casos, el japa será "inútil como el agua en un vaso roto".

 

Puesto que los mantras deben recitarse numerosas veces durante muchas horas todos los días antes de que puedan dar fruto, es fácil para un practicante cansarse. En ese caso las escrituras recomiendan normalmente cambiar del japa a la meditación. Entonces nuevamente, cuando la mente esta exhausta de la meditación, hay que volver a recitar el mantra con renovado vigor y entusiasmo.

 

Los mantras no sólo pueden decirse o recitarse mentalmente, sino que también pueden escribirse en papel, metal, tela u otros materiales. Esta técnica es conocida como likhita—japa que, en palabras de Swami Sivananda Radha, "trae paz, equilibrio y fuerza interior". Como con todas las  prácticas del yoga, el éxito en la recitación del mantra depende sobre todo de la motivación y dedicación del practicante.

 

El Mantra Yoga se hizo famoso en occidente con Maharishi Mahesh Yogi, el fundador de la Meditación Transcendental (MT).

 

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